El autor
MIGUEL ÁNGEL OLIETE (Calatayud, 1945)
Formación autodidacta.
Dedicado durante años al estudio de diversas tendencias pictóricas.
Amplia su técnica y sus conocimientos en la Escuela Atrium de Bellas Artes de Zaragoza, en el Aula Plástica de Ibercaja-Zaragoza, con el pintor Pepe Cerdá, en oleo y con Juan Baldellou en acuarela, asi como en distintos colectivos de la Comunidad Aragonesa, compartiendo trabajos con pintores de reconocido prestigio y contrastada experiencia.
Su actividad pictórica se fundamenta principalmente en el paisaje, con un acentuado gusto por contrastes matizados de luces y sombras. Su paleta, limitada en la composición, está compuesta por matices suaves y armónicos. En sus obras destacan cielos y horizontes con una profundidad y calidez muy característicos. Componen sus creaciones temas diversos de tierras y naturalezas variadas, donde se percibe una influencia y gusto por los maestros paisajistas del siglo XIX.
Es vicepresidente del Colectivo de Artistas Plásticos de la Margen Izquierda del Ebro en Zaragoza.
Ha realizado numerosas exposiciones individuales y colectivas.
Tiene obras en distintas colecciones privadas.
“Desde la infancia pintamos e imaginamos mundos virtuales. En contadas ocasiones de nuestra existencia podemos convertirlos en realidad. Cuando lo logramos, compartir con los demás esa experiencia, es la mayor satisfacción que un pintor puede recibir.”
Miguel Ángel Oliete
"Miguel Angel Oliete, tras mil inquietudes, ha encontrado en la pintura su forma ideal de expresión. Si antaño fue el periodismo radiofónico, en los últimos años se ha centrado en la imagen, con una evolución sorprendente y un manejo preciso de la luz y composición."
José Verón Gormaz
Premio Nacional de Fotografía 2001
Crítica de Pepe Cerda
"Cómo los textos de los catálogos no se suelen leer muy concienzudamente, digámoslo desde las primeras líneas, para que nadie pueda no advertirlo: La pintura no es un modo de ser de las cosas (que ya tienen color en sí mismas); la pintura es un modo de ser del hombre, que algunos hombres ejercitan. El primer homínido fue esencialmente hombre cuando tuvo memoria y pintó, sin verlo, mirando dentro de sí, al bisonte en la pared de la cueva. La pintura nació, pues, para figurar. Para hacer aparecer cosas que en realidad no estaban en el sitio pero, que sin embargo, otros podían reconocer.
Este primigenio gesto lo vienen repitiendo, casi con idénticos medios, desde entonces para acá algunos de nuestra especie. Son los que llamamos pintores (últimamente por eso de la multidisciplinidad se llaman “artistas plásticos”, pero a mí me sigue gustando más la palabra “pintor”). La particularidad esencial que tienen todos los pintores, de todos los tiempos, es la inmediata comunicación con cualquier otro, contemporáneo o prehistórico, por el mero hecho de observar su obra unos instantes. Es por esto que la idea de progreso no es aplicable a las artes en general, ni a la pintura en particular. Es evidentemente cierto que el Renault que pilota nuestro Fernando Alonso es más eficaz, desde el punto de vista de la velocidad, que un carro; pero las pinturas prehistóricas no son menos “eficaces” desde el punto de vista plástico, que la “Sixtina” de Miguel Ángel o el “Inocencio X”de Velázquez . Son igualmente “eficaces” para figurar lo no existente. Que la pintura y la realidad no son la misma cosa es una evidencia, o perogrullada, pero me parece que se está olvidando últimamente con demasiada frecuencia. Por esto se habla, erróneamente, de pintores “realistas” o “abstractos” Da exactamente igual que el pintor figure algo visto, soñado, sentido o pensado. De lo que se trata es de que sea capaz de hacernos ver, soñar, sentir y pensar con él. Yo no hago ningún distingo entre unos u otros pintores. Para mí la palabra pintor esta llena de un exacto contenido, que es el que acabo de expresar.
Miguel Ángel Oliete es un Pintor. Un pintor que gusta de pintar paisajes, es decir: alguien que intenta traducir a pintura, el misterio de la luz rebotando encima de las piedras, campos, casas, árboles, mares y ríos. Con él, cuando esta enfrascado en esta tarea, mirando por encima de su hombro y aconsejándole están: Carlos de Haes, Aureliano de Beruete, Sorolla, Fortuny, Bonnard, Klimt, Corot, Monet y muchísimos más. De esta orgiástica y simultánea conversación van saliendo los cuadros, del mismo modo que los gusanos segregan seda, lenta e interrumpidamente. Con la sabia humildad del que se sabe caminado a lomos de los gigantes que le han precedido Migel Angel Oliete se esmera en hacer unos cuadros sentidos y exactos. Es un cazador del escurridizo y tramposo color que las cosas parecen tener. Como lo fueron sus predecesores en la certeza de no ser más que un eslabón de la cadena que nos ata al origen.
Miguel Ángel Oliete es un hombre apasionado, concienzudo y pictóricamente culto. Esto le defiende de uno de los más grandes peligros de nuestra época, que es: el vano, y rancio ya, empeño moderno de pretender descubrir la nueva vía expresiva para contar lo de siempre. Sabe que “lo de siempre” y contado “como siempre” es exactamente el empeño del pintor, del buen pintor: Goya quería pintar como Velázquez, Ribera como Caravaggio, el último Hockney como Picasso...Y es precisamente en este humilde viaje de acercamiento al eslabón anterior donde surge el genuino modo de ser de la pintura que cada uno de nosotros llevamos dentro.
Miren los cuadros de Miguel Ángel Oliete, como lo que son: visiones atrapadas, memorizadas y traducidas a pintura, que nos han de entroncar directamente con el misterio de lo que creemos ser."
Pepe Cerdá.
(Pintor) |